Momentos mágicos

3-Febrero-2012

Algunos dias todo sale bien, y podemos disfrutar de esos momentos especiales que hacen inolvidable un viaje. Hoy ha sido uno de esos días. Empezamos saliendo muy temprano -antes del amanecer- para hacer un segundo intento de fotografiar el Old Faithful. La temperatura, como siempre, era muy baja, pero no había nubes y todo se presentaba favorable. Pusimos las cámaras en los trípodes, medimos la luz y esperamos a que el sol hiciera su trabajo. Y esta vez tuvimos suerte: el geyser lanzó su vapor al aire para que los primeros rayos de sol lo iluminaran: Fue emocionante, casi mágico.

 

 

 

 

 

 

 

Para mi sorpresa, mi pequeña Lumix GH-2 resistió los -25ºC durante una hora sin inmutarse, no como yo, que empezaba ya a quedarme frío.

 

No solo este famoso geyser sino toda la zona se iluminó al amanecer, destacando sus vapores en esa mañana gélida.

 

 

 

Después del merecido desayuno energético en el lodge, nos dirigimos a ver otras zonas termales. En el camino vimos árboles donde los vapores se habían congelado en sus ramas: era como si hubieran espolvoreado azúcar sobre el árbol.

 

Por supuesto también vimos bisontes, esta vez entre neblina, dando un aspecto fantasmagórico a la escena.

 

 

Nuestra siguiente parada fue, quizá, la más extraordinaria: el sol brillaba en el cielo y la temperatura era muy baja, por lo que pequeñas gotas de hielo brillaban a nuestro alrededor, suspendidas en el aire. Al lado de la carretera los troncos del bosque dibujaban líneas rectas sobre la nieve con sus sombras. Estuvimos mucho tiempo disfrutando de este espectáculo, intentando captar los patrones y las formas de íbamos descubriendo.

 

 

 

Todo el paisaje estaba congelado: árboles, plantas, ríos. El aire era claro y limpio, y por todos lados flotaban y brillaban cristalitos de hielo.

 

 

Nuestro viaje continuó hacia otra zona termal, donde había tanto vapor que apenas podíamos ver el paisaje. Teníamos que esperar varios minutos para que se fuera la niebla y poder ver los árboles y los colores de las charcas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Muchas veces veíamos huellas de animales en la nieve, dejando una traza que serpenteaba entre la vegetación. Otras veces veíamos a esos mismos animales en sus intentos de caza, como este zorro, al que pudimos ver hundiendo la cabeza en la nieve para intentar cazar algún roedor. Pero esta vez no lo consiguió.

Algunos compañeros querían pasar desapercibidos para poder fotografiar en mejores condiciones, y no dudaba en meterse debajo del snowcoach para obtener el mejor punto de vista posible.

 

 

 

A mí las escenas que más me gustaban eran las obtenidas a contraluz, con los rayos de sol saliendo entre los vapores.

 

 

 

Fue un dia emocionante, lleno de esos «momentos mágicos» que nunca se olvidan. ¿Podría se mañana mejor?

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